HISTORIAS DE NUESTRA CASA EN ETIOPÍA 4. VICTOR Y PILAR.

Cuando a Víctor le propusieron sus hijos ir a la Casa de Transición de Cielo 133 en Addis Abeba como voluntario, se lo planteó más como un acompañamiento a su mujer Pilar, que como una verdadera labor de voluntariado.  ¿Qué podría aportar él allí a sus 71 años?

Pilar, en cambio lo tenía más claro, trabajaría con los más pequeños, además ya habían estado como voluntarios en Tegucigalpa, Honduras, unos meses atrás. Solo la posibilidad de poder conocer a su nieta  antes incluso que sus propios padres, que tenían que seguir en España trabajando, era una oportunidad demasiado atractiva para desaprovecharla.

Así que allá se fueron a Etiopía, la antigua Abisinia, a una casa llena de niñ@s a echar una mano, sin una idea demasiado clara de cuál era su función durante esos meses…

Cuando VICTOR  llegó a la casa su sorpresa fue mayúscula, había un montón de niños bien mayorcitos que ya sabían nuestra lengua hispana.  Los niñ@s sabían hablar sí, pero algunos nunca habían visto los números.

Entonces, cómo él nos escribiría más tarde, algo se activó en su interior… tantos años trabajando como profesor y educador le tendrían que servir en su labor de voluntariado.

Enseguida se puso manos a la obra, formó una clase con los más mayorcitos de entre 6 y 12 años y empezaron a aprender matemáticas. El ansia de aprender de los niñ@s era impresionante… Los más pequeños de entre 6 y 8 años aprendieron en 2 meses a sumar  y restar, y las más mayorcitas, aprendieron en 2 meses a dividir con decimales.  ¡Ningún profesor podría jactarse jamás de unos resultados así de espectaculares en tan corto tiempo! ¡Qué satisfacción personal!

Por poner un ejemplo concreto: Ruth y Selam, dos niñas de 8 años, aprendieron a leer y escribir perfectamente así como la suma, resta, multiplicación y división. Esto resultó importantísimo para su integración en España pues cuando vinieron con sus familias adoptivas, se pudieron comunicar desde el primer momento.

Todos sabemos de las dificultades que tienen los niños mayores adoptados a la hora de integrarse en su familia y en la escuela, a la que tienen que asistir inmediatamente que llegan a España, para no perder curso escolar.  Ruth y Selam nunca olvidan que gracias a Víctor esta integración fue inmediata y sin sufrimiento.

Pero a Victor, «El acompañante de Pilar», enseguida le surgió otro trabajo más en la casa: las cuidadoras, cocinera… estaban muy interesadas en aprender nuestro idioma, así que, con su rudimentario inglés, estableció unas clases de español de lo más fructíferas.

 

Mientras tanto PILAR se encargaba de los más pequeños de la Casa de Transición. Toda su experiencia profesional y personal le sirvieron en una labor que requería mucho esfuerzo y sensibilidad.

Desde el principio se concentró en la estimulación de los bebés… ¡Recuerda con ternura cómo todos venían gateando hacia ella para que les hiciera caso! El primer mes se lo pasó literalmente en el suelo tirada, jugando con ellos… se aseguró de que nos les faltarán caricias ni achuchones.

A partir del segundo mes inició la ronda de reuniones con las cuidadoras, en su ánimo de mejorar la atención a los niños.  Por medio de una de ellas que habla perfectamente español,  pudieron intercambiar opiniones, valorando el inmenso trabajo que hacen, analizando pautas de comportamiento, para que ellas, independientemente de que hubiera o no voluntarios, intentarán no descuidar la estimulación de los pequeñ@s.

Uno de los logros más gratificantes de Pilar fue la introducción, en función de la edad, de las papillas de frutas y verduras en los bebés ya que hasta entonces solo tomaban leche y papilla de cereales. Las cuidadoras se resistían a cambiar los biberones y Pilar les convenció de que los bebés se enfermarían menos si variaban su alimentación y la complementaban con verduras y frutas.

Solo la dedicación de Pilar día tras día, consiguió que hasta hoy día los bebés, en función de su edad, tomen verdura en la comida y fruta en la merienda y el cambio en cuanto a la salud de los menores HA SIDO ESPECTACULAR.  Es un hecho que las cuidadoras comentan constantemente.

A través de nuestro programa de VOLUNTARIADO, más de 50 voluntari@s han pasado por la Casa de Transición y tod@s ellos han dejado su granito de arena para el beneficio de nuestros niñ@s y trabajadores etíopes. Es de especial importancia el voluntariado de personas mayores jubiladas, que cuentan con toda su experiencia vital y profesional aportándonos una sabiduría que es impagable.

El paso de PILAR y VICTOR supuso un antes y un después en nuestra casa.

Gracias a tod@s  l@s voluntari@s, la vida de la Casa de Transición y de los trabajadores de la misma se enriquece día a día, construyendo una sólida red de apoyo, que amenaza con resquebrajarse por las dificultades económicas de mantenerla mes a mes.

Nuestro lema  «Al servicio de la Unión de las Razas y Culturas del Mundo a través del amor de una familia» cobra todo el sentido cuando miramos a estos abuelos  voluntarios, que adoptaron por unos meses, no sólo a su nieta, sino a todos los pequeñ@s habitantes de la Casa de Transición. Much@s de ell@s ya tienen abuelos nuevos en España, otros no,  pero seguro  que la impronta de Víctor y Pilar está en ellos.

Somos conscientes de que sin el esfuerzo de tod@s la Casa de Transición no podría seguir  adelante, y no nos engañemos, como decía nuestra querida Pilar, “la vida de muchos de estos niños tampoco”.

Muchas gracias por ayudarnos a mantener la Casa de Transición.

 

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